Un papamoscas cerrojillo posado sobre un viejo pretil de madera en Riofrío.
Una escena sencilla, pero con ese encanto de los encuentros inesperados en la naturaleza. Pequeño, discreto y nervioso, este pájaro parece detenerse solo un segundo antes de volver a moverse entre las ramas.
Riofrío tiene estas cosas: paseos tranquilos, árboles, agua cerca y aves que aparecen cuando menos lo esperas. Solo hay que mirar un poco más despacio.

